Dakar 2025: cómo Yazeed Al Rajhi y la Toyota Hilux ganaron por 3 minutos y 57 segundos en casa
El primer triunfo de un piloto saudí en Ultimate fue una lección de paciencia, navegación y resistencia a lo largo de casi 7.800 kilómetros.

Yazeed Al Rajhi llegó a la meta del Dakar 2025 con solo 3 minutos y 57 segundos de ventaja después de casi 7.800 kilómetros de recorrido para los vehículos FIA. La diferencia parece diminuta frente a la escala de la carrera. Fue su primer triunfo absoluto en once participaciones, la primera victoria de un piloto saudí en la clase Ultimate y la cuarta de Toyota en el Dakar después de las obtenidas en 2019, 2022 y 2023.
La edición número 47 fue también la sexta disputada en Arabia Saudita. El itinerario combinó pistas rápidas, navegación compleja, piedras capaces de destruir neumáticos y las dunas del Empty Quarter. Dakar informó que 40 autos Ultimate alcanzaron la meta, dentro de un total de 175 vehículos clasificados sin contar quienes recurrieron a los comodines. Terminar ya exigía administrar mecánica y energía durante dos semanas; ganar requería hacerlo sin perder el ritmo frente a rivales de fábrica.
Al Rajhi compartió la Toyota Hilux preparada por Overdrive Racing con el copiloto alemán Timo Gottschalk. Su rival principal fue Henk Lategan, también con Toyota, quien lideró la clasificación desde la segunda hasta la octava etapa. La presencia de dos Hilux en la pelea no convirtió la carrera en una orden interna simple: cada tripulación tenía que abrir pista, interpretar el terreno y protegerse de pinchazos con estrategias distintas.
Abrir una especial puede ser una desventaja porque el primer auto no tiene huellas claras que seguir. El piloto debe confiar más en las notas y el copiloto asume una presión enorme para confirmar rumbos entre pistas paralelas. Dakar señaló que Lategan perdió parte de su margen cuando tuvo que abrir camino en la novena especial. Al Rajhi, que había permanecido cerca sin asumir riesgos innecesarios, encontró la oportunidad de pasar al ataque.
La paciencia fue su herramienta principal. Una carrera tan larga castiga el deseo de ganar todos los días. Atacar en una zona pedregosa puede producir segundos y costar horas si un pinchazo daña suspensión o carrocería. Conservar la Hilux no significa conducir despacio; significa reconocer dónde una ganancia pequeña no compensa el riesgo. Al Rajhi llegó a la segunda semana con opciones precisamente porque evitó errores que habían eliminado a otros favoritos.
El Empty Quarter decidió el duelo. Las dunas exigen leer cambios de pendiente que desde la cabina pueden parecer uniformes. Atacar una cresta con demasiado impulso puede lanzar el vehículo; llegar sin velocidad suficiente puede dejarlo atrapado en arena blanda. La tripulación debe elegir presiones de neumáticos, vigilar temperatura y conservar inercia mientras sigue un rumbo que rara vez coincide con una carretera visible.
En el bucle alrededor de Shubaytah, Al Rajhi construyó el margen que necesitaba. Llegó a la víspera de la meta con seis minutos sobre Lategan. Esa ventaja seguía sin permitir relajación: un error de navegación o un pinchazo bastaban para invertir el orden. La última jornada redujo el colchón a 3:57, prueba de que Lategan presionó hasta el final y de que la victoria no estuvo asegurada hasta cruzar el control definitivo.
La Hilux de rally raid se parece exteriormente a una camioneta de producción, pero su función es radicalmente distinta. Estructura tubular, tracción total, suspensión de gran recorrido, depósitos de seguridad y neumáticos específicos convierten la silueta familiar en una herramienta de competición. El vínculo de marketing con el modelo de calle existe, aunque sería incorrecto imaginar que el vehículo ganador salió de un concesionario con modificaciones menores.
La fiabilidad tampoco pertenece a una sola pieza. Mecánicos, ingenieros y camiones de asistencia trabajan cada noche para revisar un automóvil que ha recibido impactos durante cientos de kilómetros. Los tiempos de servicio están regulados y una reparación puede generar penalizaciones. El piloto debe comunicar sensaciones antes de que una holgura pequeña se convierta en una rotura; el equipo debe decidir qué cambiar y qué conservar.
Gottschalk tuvo un papel tan decisivo como el conductor. El copiloto de rally raid administra roadbook digital, rumbos, zonas de velocidad y puntos de control, a la vez que intenta mantener el vehículo sobre la ruta más eficaz. Una instrucción tardía puede obligar a girar en arena o sumar kilómetros. La victoria de menos de cuatro minutos se entiende mejor cuando cualquier duda de navegación durante la quincena pudo costar más que el margen final.
El podio completó la fotografía de una edición competitiva. Mattias Ekström terminó tercero con el Ford Raptor y Nasser Al-Attiyah fue cuarto en el debut del Dacia Sandrider. La variedad de marcas y programas confirmó que Toyota no ganó por falta de oposición. También mostró la dificultad de estrenar un vehículo: velocidad puntual no siempre se convierte en una clasificación limpia durante doce etapas.
Para Al Rajhi, ganar en casa añadió una dimensión histórica. El saudí había abandonado en el Empty Quarter en 2024 y regresó un año después para decidir allí su primer Dakar. Conocía el terreno, pero la familiaridad no elimina dunas rotas, tormentas o navegación. Transformar una experiencia dolorosa en disciplina durante la siguiente edición explica mejor el resultado que la idea de una simple ventaja local.
El Dakar 2025 no fue una victoria de dominio absoluto. Fue una victoria de margen reducido construida durante miles de decisiones: cuándo levantar, dónde adelantar, qué huella evitar y cuánto riesgo aceptar. La Toyota Hilux aportó una plataforma resistente; Overdrive mantuvo el vehículo; Gottschalk encontró el camino; Al Rajhi eligió el momento del ataque. Los 3:57 finales convierten esa suma de detalles en una de las historias más precisas del rally raid moderno.
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